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Ago 14, 2019 / 10:04
Geney Beltrán retrata a la mujer violentada
Geney Beltrán retrata a la mujer violentada
Geney Beltrán (Tamazula, Durango, 1976), narrador, ensayista y tutor de la Fundación para las Letras Mexicanas, estrena nueva novela Adiós, Tomasa (Alfaguara, 2019): fábula donde la mirada lúcida e impresionable de un niño devela los conflictos de un México rural (geografía serrana) en que no se conocen los imperativos de la ley: la violencia, el resentimiento y el dolor campean en las fisuras del polvo.

Situada en Chapotán, poblado duranguense del Triángulo Dorado en La Sierra Madre Occidental: la familia Carrasco Heras acoge a una muchacha, Tomasa, como empleada doméstica. Origen de mudanzas en los hechos cotidianos del pueblo: Tomasa guarda un secreto que le causa temor y remordimiento, su hermosura se empalma con la timidez y un sigilo que hace mella en la familia que la protege.

Crónica que glosa los itinerarios de la intimidación que sufren los infantes y las mujeres en las brutales circunstancias del desarrollo del narcotráfico en los últimos años del siglo XX mexicano.

“He escrito una novela situada en el entorno rural del área occidental de Durango, en la Sierra Madre, espacio dedicado a la siembra de mariguana. Años 80, la trama describe los actos de una familia que recibe a la hermosa adolescente Tomasa como sirvienta. Se establecen lazos afectivos de ternura abrasados por la clemencia y la esperanza. El miedo que acosa a la muchacha permea toda la novela”, apuntó en entrevista con La Razón, Geney Beltrán.

Tomasa aparece de manera intermitente en la narración. ¿Por qué? Ella me sirve para referir un mundo violento presidido por el machismo.

¿Un relato en que el habla local juega un papel determinante? He acentuado, le he dado un lugar clave a expresiones que develan un lenguaje procaz utilizado en la educación de los niños. Lo especifica el narrador: “la voz del padre enemistosa y ruda, esa voz que lo hace temblar”. En ese sentido, son muy significativos los diálogos y la apelación a refranes, los cuales tienen una carga cultural muy reveladora.

Introito, primer cuadro narrativo, impetuoso… Tenía que ser así. Quise darle al lector los antecedentes de la desazón que carga Tomasa, de ahí ese cuadro trepidante del inicio, esas escenas atroces de las violaciones.

¿Flavio, como catalizador de otras voces en el relato? Flavio es un testigo. Me interesaba que el narrador fuera proteico: vacilante y versátil. Sí, más que la voz de Flavio, hay un coro que dibuja contrastes y vaivenes. Me parece que se ve muy bien en El único rostro que está vivo y La visita del diablo del apartado “Ya sucedió”.

Usted ha dicho que Adiós, Tomasa es una novela sobre el origen del narcotráfico. ¿Por qué? Siempre el narcotráfico en la narrativa mexicana aparece en un entorno urbano: policías, persecuciones, muertes y trasiego de la mercancía a la frontera norte. Poco se habla de los lugares donde se cultiva la droga: pueblos de mucha pobreza en que sembrar drogas constituye el único modo de supervivencia. Todo se convierte en dinero, los narcos gozan de popularidad. Yo quería escribir sobre eso.

¿Referencias autobiográficas? Sí, se asoman algunos apuntes autobiográficos, sobre todo en la recreación de expresiones propias del norte. Debo decir que es la primera novela que proyecté escribir a los 15 años, después de quedar marcado con Cien años de soledad.

— ¡Qué la chingada contigo!

El hombre la fuerza a entrar en la cabina. Le ordena deja de rezongar, pinche mocosa.

Ella se pega en la frente con la manija de cambios. Suelta un grito, no puede parar la lloradera. El hombre sube a la troca y toma a la joven reciamente de los brazos; la obliga a quedarse inmóvil sobre el asiento.

— ¿Por qué me hace esto? ¡Déjeme bajar! —pero él la silencia con un golpe del puño en el pómulo izquierdo.

La joven siente en el rostro una cosa que se quiebra, un estallido de calor le va secando el respirar […]

FRAGMENTO TOMADO DEL LIBRO.

Geney Beltrán

Nació: Tamazula, Durango,
4 de junio de 1976
Profesión: Narrador, editor y ensayista

Reconocimientos: Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos 2002 por El biógrafo de su lector. Guía para leer y entender a Macedonio Fernández y Premio de Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2015 por Cualquier cadáver

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