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Crónicas Ausentes
La política es una vulgar “chamba”
Lenin Torres Antonio
Ago 16, 2020 / 18:02
“Ayer Julieta denunciaba a Romeo
Por malos tratos, en el juzgado”
Llueve sobre mojado
Joaquín Sabina y Fito Páez
“Déjenme trabajar, soy Javier Herrera,
soy nuevo aquí,
mi chamba que busco es ser legislador,
esa es ¡la chamba! que me estaré dedicando en cuerpo y alma”.

El tercero de la lista de candidatos por la vía plurinominal del PVEM

Hace muy poco algunos miembros de la casta del “quinto poder” de intelectuales mexicanos pedían fortalecer la pluralidad y la división de poderes, y lo hacían a través de una carta al vacío, dirigida a todos y a ninguno, pensando que rescatar lo perdido era cuestión de un exhorto, un decreto de ley, un formalismo, y principalmente de una Carta, aunque la mayor parte de sus vidas, algunos, no todos, se movían entre foros televisivos alardeando de análisis intelectuales con respecto a temas de la política, siendo expectantes del deterioro del estado mexicano y sus instituciones, sin un atisbo de preocupación y dolencia, pareciendo en lugar de defensores del sistema republicano y la democracia, cómplices de quienes se han servido de ese todavía mito público de la división de poderes y la pluralidad. Al respecto creo que muchos de los males con respecto a cómo organizamos y vivimos la vida en sociedad tienen otros orígenes que traspasan la frontera de un análisis conceptual de la teoría política y el derecho, particularmente tiene que ver con la cultura, la represión, la psicología, e incluso, el instinto.

Una estrofa de la letra de una canción de los filósofos y literatos Joaquín Sabina y Fito Páez, dice, “cuando se junta la razón y el deseo, llueve sobre mojado”, resumiendo la contradicción de la vida humana, que, por un lado, intenta mantener sana la conciencia de sí y del otro, y por el otro, se ve arrastrado por los ríos subterráneos de deseos y de impronta individual que no admite el concepto del “otro” ni del “nosotros”, ni de la colectividad; viviendo el ser humano una permanente contradicción.

No hemos rasgados las vestiduras para intentar explicar ese comportamiento contradictorio, egoísta y violento del ser humano, y hemos hallado el antídoto en mitos que se suceden y se contradicen mutuamente; con respecto a la vida colectiva del ser humano, nos hemos agarrado con uñas y dientes a los mitos del estado democrático, pensando que la democracia representa y preserva la pluralidad y la libertad, y una y otra vez, nos damos cuenta que esos mitos no han servido para tales fines románticos, y sólo han sido utilizados para mantener, tan cual animal biológico, a algunos en la cima de la pirámide evolutiva, que también le he llamado, “la pirámide del poder público”.

No es fácil resolver esa contradicción, porque nos hemos revolcados por más de 2000 años en una entramado y red de significantes que se auto referencian, proscribimos de tajo todo discurso que hablará de eso innombrable del deseo, la voluntad, y la plusvalía, y mucho menos aquella narrativa que contradiga al concepto “orden”, Epicuro tuvo que conformarse hablar a través de un poema y con otro nombre, de “Rerum Natura” de Tito Lucrecio Caro.

No es fácil porque instintivamente (no racionalmente) negamos vernos reflejado en el caos y los apetitos, “el otro es el violento”, “cómo pudo hacerlo”, y proteger nuestra virginidad y nuestro glamour ilustrado e iluminado por la razón, pero una y otra vez la realidad nos escupe a la cara:
Que nuestra facultad racional no tiene la supremacía ni la exclusividad en nuestra naturaleza.

Que seguimos dando vueltas en una narrativa limitada de mitos que no dejan de ser simples mitos, aunque los vivamos como si fueran ciertos y efectivos.

Que el agotamiento de esa narrativa de la naturaleza humana requiere, porque es cuestión de vida o muerte en lo real, incorporar los elementos excluyentes para buscar darle viabilidad en lo real al proyecto biológico y psíquico del ser humano en este mundo.

Y como dice Savater “no es tarea fácil hacerlo despertar de su sopor de dogmas…, hasta que lo irremediable se presente”, la muerte, y ya se presentó, y está causando mucho dolor y sufrimiento, y es un despertar a una pesadilla que nosotros hemos construidos.

Por eso, cuando veamos sorprendernos por los exabruptos de la vida pública, hay que “tomarlo por el lado amable”, somos eso que somos, y hemos vivido con una viga frente de nuestros ojos, pero también con malas verdades y que actuamos como si nunca nos hubiéramos percatado de ello, como es el caso de los intelectuales mexicanos con su famosa carta en el hielo por la división de poderes y pluralidad.

Una verdad que nadie vio, ni denunció (excepto estas pequeñas voces), “ni sabían”, ni hubo carta de intelectuales ni foros televisivos hablando de la falta de división de poderes y pluralidad, “denunció Javier Corral en 2015, siendo senador, que, “el Congreso se maneja con dinero” y aseguró que se entregaban compensaciones a cambio del voto a favor de la reforma energética con recursos legislativos que no se transparentan: “Es secreto de Estado”, acusó e incluso reveló que él mismo recibió un pago adicional por el voto de la reforma energética, pero tras aclarar que él no la avaló, se le retiró la recompensa”[1]. Pues es muy fácil de explicar, en esa época el sistema presidencialista lucía esplendoroso y omnipotente, nada ni nadie escapaba a sus garras de oro, y un cañonazo de 50000 dólares nadie lo aguantaba, excepto muy pocos.

México llegó tarde a las luces de la ilustración, y como casi en todo, importó modelos que nunca fueron parte de su espíritu ni su cultura, y para hacerlos más tolerables por eso el sincretismo forma parte de nuestro actuar y vivir, podemos creer en la virgen de Guadalupe, la Santa Muerte, y ser ateos y asesinos, por poner un ejemplo, esto es hablar de la mexicanidad.

El sistema presidencialista cuasi religioso y psicológico no ha permitido que se cree una cultura republicana democrática, y la carencia de una auténtica división de poderes nos permite constatar. El debate es inercial y ad hoc, se mueven los partidos políticos y los políticos no en el reino de las ideas sino en el reino de lo privado, el político mexicano concibe la política como una “chamba” no como una vocación, y como tal, busca siempre ganar más, escalar la pirámide del poder público.

La carencia de un sistema de partidos como escuelas de lo público jamás permitirá una verdadera transición democrática, el relevo de la casta política se hace necesaria e ineludible, la formación y la educación desde el bien y la ética para los asuntos de la ciudad y de la res pública de las nuevas generaciones de líderes y políticos una meta previa, por eso no nos debemos seguir sorprendiéndonos de los salinistas, peñistas, felipillos, chentistas, huertistas, larazillos, zapatistas, villistas, etc., porque todos forman la casta que formamos para el poder público, son nuestros monstruos, nuestros Frankenstein.

Esa cultura surrealista, donde lo verdadero se presenta como lo falso y lo falso como lo verdadero, donde la legalidad habla sorda y muda sin poder legitimarse, donde la política es elemental y débil para construir instituciones públicas sólidas y actuales, y así como discursos comunitarios en lugar de monólogos, que entrampa el desarrollo humano, y el proceso civilizatorio encuentra su límite.

Toda actividad humana política debe estar alimentada por una lógica, y sobre la base de la idea de bienestar del hombre y su posibilidad social.

La cita que antecede al texto, la que dice que la política es una “chamba”, es prolija no por lo que puede enriquecer a la vida pública en estos momentos de incertidumbre, ni por la prolija contribución a la semántica del español, sino por las connotaciones que reafirman la decadencia y el Estado de putrefacción de la misma política. Es una confesión involuntaria, inconsciente y cruda, y muy actual.

El análisis de esta frase no necesita mucha reflexión, solamente es el reflejo de cómo el político mexicano conciben la política, para él es una simple y vulgar chamba término que significa “empleo, trabajo, sobre todo el eventual y mal pagado (definición encontrada en www.wordreference.com) ajena a todo trabajo intelectual, y lejana a toda ética y altas responsabilidades del espíritu, ésta expresión deja ver que no tienen la más mínima consciencia que la política, y particularmente, el acto de gobernar, es una convicción y un deber, que incluso debería ser sin remuneración, como un servicio social y comunitario, pero no, desafortunadamente para los actores políticos es un simple chamba, la cual se hace con la intención de recibir una gratificación, y ejercer un poder vacío de toda connotación social, un poder meramente personal, y que se suma, al entramado de complicidades del poder público y político.

Estamos a la espera de la Gran y Verdadera Política, que comience a producir una nueva idea de hombre, que solvente sus contradicciones, y haga posible la vida armoniosa en sociedad. De mientras, la espera se hace tortuosa, impaciente, e incluso desesperante, porque nuestros hijos están muriendo, su futuro se ha clausurado, y su presente no tiene mucho que ofrecerles para que construyan una conciencia crítica y tolerable.

Mientras llega la Gran Política o la Política Verdadera, estamos ante un escenario de la vulgarización de la política, y sus aberraciones que, si bien parecen propias de una pintura surrealista, son tan reales que cada día nos hacen acostumbrarnos a caminar entre cadáveres, o discursos políticos vulgares que nos dejan ver lo real de la política.
Agosto del 2020



CD/GL

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