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Crónicas Ausentes
El cuerpo solitario y el alma estúpida, y un volver a pensarse a causa de un intruso inesperado
Lenin Torres Antonio
Jul 26, 2020 / 10:21
Las sociedades actuales dóciles e ingenuas, comparten porciones de cumplimiento de deseos con represión, amores ficticios con sufrimiento, se resuelve la vida humana en una grito desgarrador ante un gol, un enceste, un bateo, un golpe fulminador de adversarios, un orgasmo de un segundo, dónde se deposita el sentido de la vida, aunque la mayor del tiempo, nos despertemos aturdidos queriendo haber nunca despertado para vivir el verdadero goce, arrastramos nuestros cuerpos por baños monotemáticos, escaleras y elevadores interminables, diálogos repetidos hasta la saciedad, y depositemos nuestro cuerpo en un lugar que nunca hemos amado, y nuestras almas continúen pérdidas en nubarrones paradisíacos que apenas las sostienen.

Y de repente se apagó la luz, un escalofrío inundó nuestras existencias, a regañadientes nos recluimos incrédulos ante el peligro evidente, que nuestras vidas se encontraban en peligro de muerte, y como bandas de murciélagos volvimos al amanecer a refugiarnos en nuestras cuevas, el plácido día se convirtió en aterradora noche, y el otro se convirtió en un extraño, en un peligro mortal; como nunca nos sentimos solos, en guerra con nosotros mismos.

La lengua que nos fundó se quedó muda, errática acuñaba series de signos inconexos, tratando de volver a privilegiar nuestra racionalidad se dedicó a decir que es cosa pasajera, que es cuestión de un corto tiempo para encontrar la cura, aunque la experiencia nos diga otra cosa, que son fanfarronadas racionalistas para sostener la primacía de la razón y nuestro lugar privilegiado en la naturaleza.

Ingenuos nos preguntamos cuándo volveremos a la normalidad, para vivir como siempre, despreocupado, altaneros, irracionales, y volver sobre nuestros mismos pasos una y otra vez, hasta que lo irremediable nos alcance.

Denegando, ignorando, e insolente retar al intruso, a lo real que no admite significante alguno, y quedar en ridículo, tragarnos nuestras propias palabras, cuando la muerte toque nuestras puertas, y ahora sí, entendamos que las cosas han cambiado, que la nueva normalidad es otra, y que ni siquiera se habla, se reflexiona, se intenta descubrir.
Por lo que desposeer al discurso racional de ese privilegio de criterio absoluto de la verdad se hace una necesidad, y descubrir que conviven, principalmente en los estadios sociales, elementos endógenos y exógenos que se auto-referencian, imposibilitando toda discriminación, y regeneración, a no ser que se dé un salto cualitativo dialéctico desde la negación de la negación que posibilita un nuevo ser, aunque éste esté condenado tarde que temprano a enajenarse en esa autor-referencia.

Esto no queda tan claro, salvo que se reconozca el fantasma marxismo de ese autoengaño, y la reducción a ese plus económico del sentido humano de la existencia verdadera que nunca aceptamos que tan bajo hemos caído, y el privilegio del discurso legitimador de esa racionalidad a ultranza que sumando al inconsciente freudiano anula toda singularidad, singularidad necesaria para resolver el problema de esa visión única del mundo del semblante que vivimos como real.

Cuál era la visión clásica (aristotélica-platónica) del hombre, que es un compuesto de alma-cuerpo, y el primado del alma se impuso al primado del cuerpo, así que resumimos el acto de conocer a percibir y procesar eso percibido para provocar el acto de pensar, viene hacer Descartes quién establece el paradigma de la racionalidad a ultranza como la condición humana y la única certeza que nos garantiza la verdad, se impuso un solo camino para dar cuenta de esa naturaleza humana, habíamos pensado que el hombre era una máquina que sólo había que definir y delimitar sus procesos que articulan su funcionamiento, no nos habíamos dado cuenta que esa máquina era compleja muy diferente o complicada, era indefinida por su capacidad de autor regular su propia experiencia interna y externa a las condiciones cambiantes del mundo externo e interno, que el hombre es más que la suma de sus partes. El entresijo vino cuando pensando que habíamos descubierto el primado de su racionalidad, la experiencia histórica y epistémica nos hizo con la posmodernidad fijar nuestra mirada en otros elementos que fuera hecho a un lado, y que contaban en demasía, la irrupción de un Freud con un sujeto del inconsciente que trastocó esa gaya y cómoda posición de un ser que operaba a través de la percepción-consciencia, y que trajo problemas a la certeza depositada en el cogito cartesiano, pues ahora debíamos dar cuenta de un cuerpo con dos almas, una consciente y otra inconsciente, o de un Marx reduciendo al hombre a un plus de ganancia dentro de un sistema económico que reproduce al sujeto necesario que posibilite al mismo sistema económico de explotación, y un Nietzsche haciendo un severa crítica al pensamiento occidental desde el primado schopenhaueriano del primado de la voluntad por encima de la razón.

El legado contemporáneo de una visión de la naturaleza monstruosa el hombre, un ser que ha utilizado la razón, ha utilizado a la ciencia, ha utilizado el cuerpo, lo inconsciente para hacerse escuchar, para cumplimientos de deseos singulares, y que, si para ello tenía que construir grandes estructuras sociales y complejas, las construyó, si para ello tenía que inventar fantasías habitables, las inventó, si para ello tenía que hacer una historia de muertes y guerras, la hizo.

Construir una nueva narrativa que permita articular la esfera biológica con la esfera antropo-social del hombre es el reto de nuestros tiempos.

Ir más allá del sujeto de la modernidad construyendo una continuidad del pasado con el presente, enfocando la visión compleja del hombre y resignificar las bases conceptuales y epistémica implica actualizar el mundo aparente de las sombras y del semblante con el mundo real inefable y perturbador, la salida no es fácil pues implica incluso un trauma epistémico-psíquico al hombre, dejar de pensar desde hace más de 2000 años con los mismos referentes implica una caída, no un regreso al mito, o al lugar cómodo e irresponsable de la modernidad, aunque creo que no es posible volver al lugar donde fuimos felices porque simplemente ya no está.

Dice Kant que Hume lo despertó de un sueño dogmático, creo que, de igual forma, la teoría de la complejidad nos despertó del sueño dogmático del reduccionismo en que habíamos concebido la visión del hombre, la naturaleza humana ilustrada.

No podíamos continuar viendo una cara de la moneda, ni imaginar miles de caras inconexas que nos lleven a estructuras esquizofrénicas, la nueva visión del hombre tiene que ver con lo que resulte de interconectar esos miles de rostros, la multifactorialidad se hace emergente, aunque nos perdamos en la inmensidad, por lo que el reduccionismo filosófico se vuelve un anacrónico.

Si bien es cierto que la ciencia nos ha asegurado ciertas parcelas esclarecidas, la gran meseta de la naturaleza humana continúa naufragando entre rituales espiritistas y dogmas románticos que no llevan al mismo lugar; el lugar paradigmático de la racionalidad a ultranza, y dejamos lo principal la subjetividad.

Pensar ¿cómo es que llegamos a ser eso que somos?, es desvelar el proceso de alienación, construir los mitos constitutivos de la familia, lo social, el estado, alienación construida a través del miedo, el terror, la esperanza, el amor, y terminar por darnos dos paradigmas la religión y el científico, este último, un guiño al orden desde el ojo “objetivo” e “imparcial” el imperio del logos.

Epicuro fue callada su advertencia, el rechazo al desorden, en el principio era el desorden, el caos, y la deviación original inaugura el orden que se mantiene a través de la eternidad.

Un primer momento, el pensamiento especulativo, el mundo de lo imaginario, un segundo momento, el pensamiento científico, que a la postre otro dogma inservible para hablar de la naturaleza humana, y por último, el pensamiento complejo, un intento por superar la dialéctica reduccionista, podríamos decir que el existir con sus infinidad de experiencias singulares garantiza el pensar mismos, un deslizamiento del “pienso luego existo” a “existo luego pienso”.

Un pensamiento científico paralelo al capitalismo, una teoría de dominio, Marx lo resume, construye al sujeto necesario que le garantice el modo de explotación y dominio, se auto legitima al crear al sujeto revolucionario, el concepto de libertad, incluso el mismo socialismo creó un capitalismo de estado, por lo que no hubo tal revolución del proletariado, sino otro modo de dominio.

Esas contradicciones evidentes acerca del hombre como un sujeto psico-bilógico social, requiere exactamente la aportación del pensamiento complejo, y desvelar lo que está interrelacionado, reflexionar todos los fenómenos que existen sobre el mismo tema del hombre, por lo que no hay separación entre lo social y lo biológico, entre alma y cuerpo, entre lo subjetivo y lo objetivo, incluso entre la racionalidad y la pulsión, hay integración e interrelación. En suma, acercarnos a todo prolegómeno de una nueva teoría del hombre implica salir del paradigma cartesiano, pensar interrelacionando incorporando hasta el afuera sin caer en una contradicción, la real es racional y lo racional es real, la subjetivad es real, y lo real es subjetivo, lo objetivo es subjetivo, y lo subjetivo es objetivo nos llevará tarde que temprano a respondernos a cómo llegamos a conocer lo que se conoce.

Estas y otras reflexiones son oportunas hacernos para conocernos, quizás porque nunca nos hemos buscado como diría el in-escuchado Nietzsche, que tanto nos advirtió de nuestros ídolos de barro, y ahora cuando la irremediable toca las puntas de nuestros pies con que de vez en cuando calibrábamos la temperatura que reinaba fuera de nuestro sopor, de nuestros dogmas racionalistas que nos autodestruyeron y ahora resulta incompetente para hacer frente al diminuto microorganismo que nos exige volver a construir quizás desde el silencio, y desde el dolor, y quizás de ahí resurja algo del orgullo perdido de esa naturaleza humana prematura y con una gran imaginación, pulsional y sexual, fantasiosa y pedante, y la haga tocar suelo, pararse de nuevo en la tierra podrida, en ese mundo de contradicciones, y vuelva a repensarse, a reinventarse pero no para construir otro Frankenstein, ahora si apolo dormitando sobre el lomo de un tigre despertará para ponerse delante de Dionisio y ahora si conducir la vida de los hombres con mesura y sin exceso, con la virtud aristotélica que pregonaba el término medio tan difícil de conseguir.


Julio de 2020


CD/GL

* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.
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