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Crónicas Ausentes
A propósito de Teletones y de los teletónicos
Lenin Torres Antonio
Dic 19, 2019 / 10:47
El psicoanálisis nos descubre al ser humano como un sujeto en falta, es decir, que su estructura psíquica tiene la condición de un ser en el no-ser, siempre en la consecución de llenar esa falta original que le permita darle sentido a su vida y, fundamentalmente, “ser”, aunque para ello tenga que “no ser”.

Estos días comenzó el show, el Teletón, de los teletonicos, el evento anual que hacen los ricos para apoyar y dar algo de gracia a los pobres de México. Teniendo presente la metapsicología freudiana, veo que ese espectáculo grotesco y paradójico, gira fundamentalmente sobre esa falta fundamental, esa carencia.

Por eso vemos que lo esencial es llenar esa falta, ese hueco; ellos dirán “llegar a una meta económica”, llenar con esa suma, que se traducirá centros de rehabilitación, un hueco, el asunto pendiente de darles a los pobres algo, aunque ese algo no alcance para todos los necesitados. Noble labor de proteger a las futuras generaciones, a los niños, principalmente, a los niños enfermos, olvidando las verdaderas causas de esas enfermedades, que tienen que ver con la desigualdad, la desnutrición, la pobreza, la falta de atención médica, la falta de higiene, la ignorancia, en fin, la falta de justicia social. No quisiera generalizar, porque la llamada cientificidad nos habla de otras causas, que son las únicas reconocidas por esos eventos, entre ellas la genética, etcétera.

Y la historia se repetirá infinitamente, seguro durante las últimas horas, ese patético espectáculo, en los últimos minutos, de forma dramática, cumplirá con sus metas; de llenar la falta (la meta económica), incluso, se rebasará la meta. Al final del evento, contemplaremos entre llantos y risas cómo se cumple con la ansiada meta, para los que “menos tienen (la mayoría)”, reciban un regalo de los generosos “(los pocos) que tienen todo”.

Con toda esa evidente dolorosa verdad, una vez más se quiere demostrar que todavía hay buenos samaritanos, bondadosos hombres y esencialmente, se le atribuye ese logro a todo el pueblo de México, aunque las principales y muy generosas donaciones, exentas de impuestos, sean de esos entes públicos que llamamos empresas, bancos, etc., y de los monopolios personales, de los muy pocos afortunados que “con el fruto de sus esfuerzos” y visión, sirven de ejemplo y confirman con sus riquezas que en este país, “si uno se esfuerza puede salir adelante”, como lo hicieron Juárez y ellos; salvo que Juárez, lo hizo en política con la visión de construir una sociedad justa, donde todos pudiéramos vivir en paz y bien; y los segundos, en el mundo de la política, de los negocios (business en el idioma del imperio), con la visión, no sé si consciente, que sería perverso, o inconsciente, que sería fatal, de mantener un mundo desigual, donde todos y todas siguiendo el prurito de la igualdad de género, que nos heredó nuestro flamante señor ex presidente Fox; frase que, por cierto, es con lo único que se le recuerda, olvidando que en su periodo de las bonanzas petroleras, hubo corrupción y derroche de las riquezas de un pueblo, para mala fortuna del señor Fox, su visita a la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, no le salvó de ser el responsable del robo y daño que le hizo a México nos conformemos con estas nobles causas y muestras de benevolencia.

Es intolerable, patético y deprimente ver cómo el portavoz en turno de esa clase de hombres, el menos del 0.5 % de la población, casi llorando, lanzaba estentóreas frases de exhorto, de súplica a los televidentes, dirigiendo ese llamado al pueblo de México, a los mexicanos y mexicanas, pidiendo que demostremos que somos generosos y moralmente correctos, y que hiciéramos el sacrificio de desprendernos de algo para “los que menos tienen”, aunque la mayoría de ese pueblo sea de ésos que menos tienen y no tenga ni ese algo para llegar a fin de mes unos, y otros, que son una significativa parte, más de 52 millones, la mayoría de la mayoría, no tengan ni siquiera para comer. Resulta, después de todo, paradójico pedirles a los pobres para los pobres.

Los auténticos generosos de México, los grandes donadores, con esos actos de benevolencia, aparte de exentar impuestos, intentan cubrir su falta, consciente e inconscientemente, y me voy por la primera, no en el sentido de conciencia de culpa, de la falta cometida, sino en el de la simple posesión de un saber perfectamente articulado para continuar con sus privilegios y riquezas, porque saben perfectamente lo que hacen, y quieren.

Al final del evento, vemos cómo retornarán a sus mansiones y palacetes a celebrar por los pobres, y éstos, a continuar con su eterno martirio Sisifico.

Ese estado de conciencia, insisto, no es el de la conciencia de sí hegeliano, sino un saber perverso que permite mantener ese estado de cosas en este país. Por eso es pertinente pensar, como decía Marx, que tanto la riqueza como la pobreza son estados de enajenación, que estos sistemas sociales, como el nuestro, construyen al sujeto necesario que reproduce el sistema dominante se justifica la riqueza de los hombres como una condición dialéctica de la pobreza y riqueza. Esto convierte a la pobreza en un destino, y eso es lo peor, no hay opción para la gran mayoría de los mexicanos y mexicanas, que antes de nacer su destino sea la pobreza, a diferencia de otros sistemas, que permiten que ésta sea una elección, como cuando un sujeto decide ser pobre por ser nihilista, pesimista o estoico.

Pero cómo hacer entender a quienes sólo han conocido un solo México, ya que el otro, sólo lo conciben extraños con mira de ficción, como en el filme de Los Olvidados de Luis Buñuel; cómo entender el –otro México–, el de las numerosas familias que tienen que vivir con un salario mínimo, para quienes un incremento “pusilánime” de 6 pesos a la tortilla o al pasaje del autobús o la pecera, causados por el aumento de la gasolina, es un artero ataque vital. No se dan cuenta de que penden de un hilo sus existencias, y eso es real, no ficción.

Termino con lo que hace un tiempo escribí;

Ya vendrán mejores tiempos para los pobres, porque los ricos misericordiosos y benévolos Teletónicos, trabajan para que las ganancias alcancen para los pobres, y estos sean menos pobres, y si ahora tienen que limitarse a ganar menos millones de dólares y sus vacaciones son recortadas ya no a las islas Fiji, sino a las Europas, pues harán el sacrificio, todo sea por los que menos tienen. Ironías y desfachatez, así es el México surrealista que vivimos.

CD/YC

* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.
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