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¿Uber en Veracruz?
Sergio González Levet
Oct 24, 2019 / 09:54
Leo con interés que Javier Azcoitia Velázquez, el Delegado de Transporte Público en Veracruz, hace declaraciones a la prensa local en apoyo a los taxistas jarochos y en contra de la posible entrada de los servicios particulares de transporte a través de aplicaciones, Uber la más famosa de ellas.

Dice don Javier que en su oficina y en el Gobierno del Estado están buscando la forma de impedir, a través de la ley, la llegada de lo que consideran una competencia desleal en contra de los estimadísimos taxistas, tan pulcros, tan justos en el cobro y tan respetuosos de las leyes de tránsito y movilidad.

El problema es que el Delegado de Transporte Público estatal, con todo y su buena fe, está peleando una guerra que inexorablemente será perdida, ante la fuerza de la modernidad tecnológica y el embate de las nuevas formas de contratación de servicios a través de la red y a nivel mundial.

Queramos o no, Uber y sus similares terminarán por encontrar la forma de establecerse en las zonas metropolitanas del estado: Veracruz-Boca del Río-Medellín, Coatzacoalcos-Minatitlán, Poza Rica-Coatzintla, Córdoba-Orizaba, Xalapa-Coatepec-Banderilla, etc.

En la Riviera Maya (Cancún, Playa del Carmen y Tulum), por ejemplo, hace un año los taxistas turísticos dieron una férrea batalla para sacar a Uber y similares, con toma de carreteras y fuertes presiones en contra de los particulares que ofrecían el servicio, al grado de que hasta muertos hubo, pero terminaron por ser vencidos por la embestida de la mejor calidad y la mayor seguridad de los privados, que hacen que los clientes los prefieran, aunque no sean precisamente más baratos.

Pero en Veracruz, y en particular en el Puerto y Boca, los esforzados trabajadores del volante tienen a la autoridad de su parte, lo que es bueno y malo al mismo tiempo… dialéctico, vamos.

Es bueno, porque el Gobierno trata de equilibrar las condiciones en que deben prestar el servicio los concesionarios, con pago de impuestos, de aranceles, y la necesidad de presentar documentos que avalen la capacidad, la pericia y las condiciones físicas de los choferes, contra la relativa facilidad con la que pueden empezar a trabajar los particulares que ofrecen los servicios de Uber, cuya concesión es prácticamente gratuita.

Pero es malo porque el apoyo gubernamental puede hacer que los estimados señores taxistas se sientan protegidos al grado de sentir que no es necesario que compitan con el inevitable Uber, y por eso dejen de intentar ganarse a la clientela ofreciendo mejores condiciones de sus vehículos, un manejo más amable y tarifas más reducidas, más el siempre delicado tema de la seguridad de los pasajeros (y pasajeras, sobre todo).

Tarde o temprano, la fuerza global de las apps se impondrá sobre las gestiones de los taxistas veracruzanos, y la guerra tendrá que darse en otro ámbito en el d la calidad.

Ojalá que sea para bien de los usuarios.

sglevet@gmail.com

CD/YC

* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.
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