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El ejemplo supremo de amor
Roberto López Barradas
Abr 18, 2019 / 17:52
El poder del amor no tiene límites, ante cualquier situación, siendo éste la principal motivación, el amor triunfará sobre la adversidad, el desencanto o el desaliento, es más poderoso de lo que podamos imaginar, pero, sobre todo, le da sentido, valor y propósito a nuestra vida.

Sin duda los actos de servicio, de sacrificio son un acto de demostración de amor. podríamos citar muchos ejemplos de situaciones en las que se realiza un acto de amor, desde los muy sencillos como hacer a un lado nuestros gustos, nuestras preferencias o intereses para atender a los de los demás, empezando por nuestros seres queridos; tal vez, a la hora de decidir el menú de la comida, al permitir que nuestros hijos elijan la película para una tarde familiar o darles la oportunidad de armar el plan para el fin de semana; también podría reflejarse al momento de permitir que los demás puedan escoger libremente alguna actividad para realizar en grupo.

Recuerdo haber visto en las redes sociales un reportaje sobre una fotografía que fue premiada. La nota decía: Es una imagen realmente impactante, cuya historia llevó al fotógrafo a la depresión. Resulta que un grupo de guepardos empezó a seguir a una mamá ciervo con sus dos crías, pero al final los felinos acabaron con la vida de la hembra, mientras que los bebés lograron escapar. Según contó el fotógrafo, la madre pudo haber escapado fácilmente de los guepardos, pero prefirió quedarse como carnada para ellos, para que sus pequeños ciervos pudieran huir mientras ella era devorada.

En el contexto de la Semana Santa, me gustaría compartir con usted la reflexión tan hermosa y profunda que hace el autor Jim George en su libro “Un hombre conforme al corazón de Dios” sobre el ejemplo supremo de amor de Jesús, quien amo de tal manera a la iglesia que se dio a si mismo por ella, con amor sacrificial, purificador y perdurable; ya que al entregarse compró a la iglesia con su propia sangre, para purificarla y santificarla a fin de presentársela a sí mismo, como una iglesia gloriosa, que no tuviese ni arruga ni mancha ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha; y de esta manera su amor se vuelve permanente porque al morir por nuestros pecados, Jesús nos estaba reconciliando con el Padre, sólo tenemos que aceptarlo como nuestro Salvador.

Así de grande, inmenso y supremo es el amor de Jesús por nosotros como lo describe el libro de Filipenses en el capítulo 2 versículos del 5 al 11: “Haya pues en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre


CD/GL

* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.
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