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Desde la Veritas Cruz
Ni merinos ni ladrones
Adolfo Roberto Pérez Valdés
Ene 16, 2019 / 23:34
El discurso de López Mateos
Quién fue Merino
El robo organizado
La impunidad y el destierro
La estructura permaneció


Adolfo López Mateos, siendo presidente de los Estados Unidos Mexicanos, pronunció un breve discurso el 27 de septiembre de 1960, lo hizo ante una concentración popular en el Zócalo de la ciudad de México.

Para el conocimiento histórico, esta breve pieza oratoria de López Mateos destaca por la circunstancia del evento masivo y por una frase que el presidente pronunció como parte del discurso.

Y como buen experto político demagogo que fue, López Mateos señaló realidades en el discurso pero posteriormente incumplió con lo que arengaba ante la concentración humana de ese día en el Zócalo.

La concentración, convocatoria y el indudable acarreo de personas, mayoritariamente trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas, fue en razón de festinar la mexicanización de la industria eléctrica que había concluido el gobierno federal al comprar todas las acciones de la última compañía extranjera, la Mexican Light and Power Company Limited y sus subsidiarias que proporcionaban el servicio de fluido a hogares y empresas.

Esa adquisición accionaria, incluyendo las instalaciones, contribuyó al fortalecimiento de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro.

En una fracción de ese discurso López Mateos diría: “NO HABRÁ EN LA INDUSTRIA ELÉCTRICA NI MERINOS NI LADRONES”.

DE LA NADA A SUPERINTENDENTE Y PUDIENTE EMPRESARIO

Jaime José Merino de la Peña, un joven ingeniero de apenas 27 años de edad originario de Tecolotlán, Jalisco, fue designado tras la expropiación petrolera de 1938 como superintendente del campamento de Poza Rica.

Fue de los primeros altos ejecutivos de la nueva empresa Petróleos Mexicanos creada en el mes de junio de 1938, tres meses después de la expropiación y que recibió en patrimonio todas las instalaciones de las empresas nacionalizadas.

Para administrar el campamento petrolero de Poza Rica, la dirección de Petróleos Mexicanos creó la superintendencia. La zona era un inmenso lodazal sin ningún trazo urbano, pertenecía al municipio de Coatzintla, los trabajadores vivían en caseríos adyacentes a las instalaciones carecían de todo tipo de servicios. Merino permaneció en la superintendencia 24 años ininterrumpidos, colmó todas sus aspiraciones tanto económicas como políticas.

Su codicia fue inmensurable y creó un maridaje sanguinario de terror político con Pedro Vivanco García, secretario general de la sección 30 del sindicato petrolero. Este grupo organizado para todo tipo de crímenes auspició el Comité Pro Municipio de Poza Rica, lograrían al iniciar la década de los cincuenta arrancar a Coatzintla esa parte de su territorio.

Con el respaldo de la legislatura del Estado y la hegemonía política del Partido Revolucionario Institucional.

Ese mismo éxito político con el tiempo se convertiría en el final.

El gobernador del Estado, Antonio M. Quirasco en algún momento diría: “ME GUSTARÍA GOBERNAR EN POZA RICA”.

Merino creó y se apoderó de todas las empresas que tenían como fuente de sus actividades la zona de Poza Rica y sus habitantes. Y por supuesto el refaccionamiento del campo petrolero y también del ayuntamiento.

Como muchos políticos en la actualidad, Merino y su extensa red de incondicionales, supuestamente realizaban obras pero en el papel. El dinero tanto de Pemex como del presupuesto del ayuntamiento fue directo a las cuentas y fortuna de este impune grupo de bandidos.

Toda la actividad económica de la región era controlada por el superintendente. Hoteles, casinos, cantinas, restaurantes, comercios, proveedores de la industria petrolera y del ayuntamiento le pertenecían ya que los supuestos propietarios eran allegados suyos.

Pero el declive y ocaso de su emporio nace a partir de apoyar las aspiraciones presidenciales de Antonio Jáquez Bermúdez, director de Petróleos Mexicanos y rival de Adolfo López Mateos.

Jaime José Merino de la Peña dejó la superintendencia de Poza Rica y fue desterrado del país, Pedro Vivanco García cayó de la directiva del sindicato petrolero y Antonio Jáquez Bermúdez fue relevado de la dirección de Pemex. Pero la fortuna de ninguno menguó y sus redes criminales permanecieron aunque fuera de sus manos e influencias.

Merino vivió su exilio en California haciendo negocios y litigando su pensión de Pemex, Bermúdez se instaló como representante del programa federal del Desarrollo Fronterizo en Chihuahua, durante el mandato del gobernador Teófilo Borunda (El Tempranillo o Ciclón de Chihuahua) y Pedro Vivanco pasaría a retiro para ser relevado por Joaquín Hernández Galicia.

Comparto al lector los enlaces que abordan en pormenores estos eventos de la época.

http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1960_95/Discurso_del_presidente_Adolfo_L_pez_Mateos_sobre__1435_printer.shtml

http://kilowatito2009.blogspot.com/2016/04/recuerden-su-nombre-jaime-j-merino.html

https://www.proceso.com.mx/125674/con-el-exsuperintendente-de-pemex-en-poza-rica

https://incrospido5.wordpress.com/2017/10/05/masacre-en-poza-rica-06-10-1958/

http://www.informatepr.com.mx/anoticias/index.php/historia-del-petroleo/item/248-la-matanza-de-los-goyos




* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.





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