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El verdadero compromiso del matrimonio
Roberto López Barradas
Oct 8, 2018 / 13:58
Las relaciones de pareja son uno de mis temas preferidos, ya que por muchos años ha sido uno de los temas centrales en mi vida laboral, desde que terminé la carrera de leyes en 1999, para tomarme un breve descanso, comenzar a elaborar mi trabajo recepcional de tesis, para posteriormente entrar a trabajar al DIF Municipal de Xalapa, Veracruz, como parte de la procuraduría de la Defensa del menor, la familia y el indígena, lugar del que tengo muy gratos recuerdos y especial cariño; es una institución muy noble en la que aprendí grandes lecciones sobre lo difícil que es mantener una relación familiar entre la pareja, que al tener problemas, invariablemente, los terceros perjudicados son los hijos.

Voy a ponerlos en el contexto en que me encontraba, entré a trabajar al DIF en 2001, en la víspera de contraer matrimonio con Xóchitl, mi hermosa esposita, a tan sólo 3 meses. Tenía 2 años de haber egresado de la facultad de derecho, creyéndome el paladín de la justicia, por lo que, cada vez que atendía una pareja en vías de separarse, intentaba reconciliarlos, dándoles consejos, casi trataba de convencerlos de que no lo hicieran, haciéndome parte de la solución; situación que me llevaba a un desgaste emocional y psicológico extra. Cada vez que regresaba a mi casa con mi esposa, al menor reclamo, yo le contestaba “si, lo que tú quieras, lo que tú digas, vengo de ver a personas con verdaderos problemas”.

En ese mismo tiempo, me encontraba leyendo el libro de Carlos Cuauhtémoc Sánchez “La última oportunidad” que está hecho especialmente para que las parejas puedan superar sus problemas, donde el tema principal es el divorcio y sus posibles consecuencias, recuerdo una frase que un consejero matrimonial le dice al personaje central, que es quien está apunto de separarse de su esposa, tienen un hijo pequeño que se enferma, cayendo en un estado de shock, internado en el hospital: mientras ustedes tengan problemas, no los resuelvan y no puedan estar en paz, tarde o temprano descuidarán a su hijo.

Varios años después, tuve el privilegio de trabajar como Oficial Encargado o como en otros estados les denominan, Juez del Registro Civil, en mi lugar de residencia, mi muy querido Banderilla, Veracruz y en otro municipio al que le estaré agradecido por haberme recibido como uno más de su gente, me refiero a Emiliano Zapata, Veracruz. Era para mí, un honor fungir como Juez de muchas parejas que unían sus vidas ante la ley, acompañados de sus testigos, familiares y amistades, que al mismo tiempo, les deseaban toda la dicha, la felicidad y el amor que fuera posible; hasta el día de hoy me es muy grato encontrarme con algunas de éstas parejas, que aún permanecen felizmente casados.

También, dentro de ese tiempo de laborar en el registro civil, vi como el índice de divorcios crece más año con año, alcanzando un número equivalente al 35% o 40% del número de matrimonios efectuados en el mismo año. Algunas parejas, terminando su relación a pocos meses de haberse casado, esperando solamente a que se cumpliera el año para poder tramitar el divorcio administrativo, poniendo fin al vínculo matrimonial que lo unía.

Pero, en todos estos años y hasta la fecha, me he dedicado a estudiar y reflexionar en cómo las personas no tenemos la verdadera conciencia de lo que hacemos al casarnos por la iglesia. No dimensionamos el tamaño del compromiso que hacemos, pero sobre todo, la magnitud de la bendición que recibimos, porque al ir al altar como pareja, lo que estamos pidiendo es que Dios bendiga nuestra relación, nuestro amor, nuestra vida juntos, y hacemos votos con la convicción de que podremos cumplirlos, porque lo hacemos frente a Dios, quien nos ayudará en todo momento, nos llenará de amor, suplirá nuestras necesidades.

La Biblia define al matrimonio en el libro de Génesis capítulo 2 versículo 24; “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Pero no dice que ya tendrán todo lo necesario para vivir cómodamente y ser felices para siempre, no habla tampoco de una garantía de amor eterno, es más, muchas parejas toman la decisión de casarse sin tener nada material que ofrecerse uno al otro, considerando únicamente el amor que sienten.

En realidad, debemos considerar, que ante cualquier situación, problema o circunstancia, que ponga en riesgo la durabilidad de nuestro matrimonio, la mejor solución es buscar a Dios con todo el corazón para pedirle su ayuda. Hay una anécdota, de una persona que viajaba en carretera y se descompuso su coche, minutos después se detuvo un auto muy lujoso, del cual se bajó un hombre que vestía un traje, se acercó para preguntarle ¿qué le sucedía a su automóvil? Aquella persona le dio los detalles, el hombre se quitó el saco, la corbata y le arregló el coche; entonces el propietario le preguntó ¿cómo supo arreglarlo? El hombre le contestó, yo soy Henry Ford, y yo hice el diseño de éste auto. Dios diseñó el matrimonio desde la misma creación; de ésta manera, si se presenta algún problema en el matrimonio ¿quién mejor que su creador para repararlo?


CD/YC

* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.
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