Boca del Río, Veracruz, México Lunes 18 de junio de 2018
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Reflexión Matutina
Barriga llena...
Edwin Corona y Cepeda
Jun 14, 2018 / 09:21
Tetra heroica Veracruz el 14 de junio del 2018.

Dentro de todas las barrabasadas, incongruencias y engañifas del último debate de los candidatos presidenciables, uno de ellos expresó que “la mejor fábrica de producción está en el campo” lo que me llevó, no solo a recordar el mexicanísimo dicho de “Barriga llena, corazón contento”, sino una de mis REFLEXIONES con ese nombre, efectuada a 25 meses de distancia y que a continuación reproduzco


El sábado 14 de mayo del 2016.

Es función principal de la agricultura proporcionar el diario sustento de los pueblos y estamos obligados a recurrir a ella en demanda de productos alimenticios para nuestra raza, pero apropiados para su mejoramiento y desarrollo, reconociendo que no podemos esperar de manera alguna, su surgimiento, mientras contemos con un pueblo tan miserablemente mal alimentado, ya que esa es la realidad desnuda de nuestro país.


Nuestro pueblo indígena, que representa cuando menos un 33% de nuestra población, está compuesto de seres hambrientos, semidesnudos, descalzos, viviendo una existencia de atraso, oscurantismo y fanatismo, así como de abyección física, intelectual y moral a la que nuestra conciencia de hombres libres y de buenas costumbres, de mexicanos y de civilizados, nos impone la obligación de reclamar a quienes son responsables de la agricultura los elementos vitales que, a base de calorías, proteínas y minerales, vigoricen esos cuerpos que hoy se arrastran en la miseria, la inmundicia y la ignorancia, que despierten esas mentes inertes ante el fanatismo y el engaño, que se vigoricen esos músculos, que se regenere el tejido social y que el conjunto nacional se fortalezca y viva una existencia racional y acorde a los últimos avances del modernismo.



El organismo humano y su función intelectual son como una máquina a la que no se le puede exigir mayor energía, mayor potencia y producción que la proporcionada por el combustible que consume. Y es allí donde se encuentra la explicación fundamental de la inactividad, de la incapacidad, de la pereza orgánica y mental que es común, visible y palpable en el campesino mexicano. Para él no reza el dicho de “barriga llena, corazón contento”. Por eso tiene la cara triste y el semblante melancólico.

Nada nuevo, nada grande, nada venturoso podemos esperar de un pueblo cuyo salario mínimo no le alcanza más que para alimentarse de una manera paupérrima, que ingiere sustancias que le perjudican, que le irritan, que no le alimentan ni fortifican, mientras el “funcionario” que anda por allí recibiendo cada quincena sueldo de nuestra Patria y hablándonos de que todo está bien en el tejido social de nuestro país, no se ha tomado la molestia de explicarle al pueblo como se debe alimentar de acuerdo a sus necesidades orgánicas, a las condiciones agrícolas de su localidad, a la feracidad de su tierra, a nuestra situación geográfica dentro del planeta, a la salubridad pública y a las necesidades generales de nuestro cuerpo. Nunca, ni por asomo se le ha informado a estas clases marginadas si necesitan fósforo, calcio o hierro, ni cómo anda de almidones, azúcares y fosfatos. Jamás se le ha dicho al mexicano que es lo que debe llevar preferentemente a su mesa, ni cuál es la combinación de productos vegetales y animales que más convienen a su alimentación para que los utilice conforme conviene a su bolsillo y a su organismo y adquiera la costumbre de utilizarlos y no andar de madre ardiente como los curulecos levanta dedos que se desgarran las vestiduras y se tardan meses discutiendo sobre la conveniencia de eliminar la comida “chatarra” de las llamadas tiendas escolares y fuera de los planteles educativos, cuando permiten la descarada propaganda de los mismos a través de todos los medios masivos de comunicación.



Incompleta sería esta REFLEXIÓN si no menciono que nuestro futuro agrícola no radica en producir mayor maíz, arroz o fríjol, granos que actualmente estamos importando en cantidades fabulosas al no existir en nuestro país una producción adecuada debido a la incompetencia y falta de visión de quienes están al cargo de la agricultura nacional, sino en MEJORAR LA ALIMENTACIÓN de nuestra raza aumentando la variedad de cultivos porque el pueblo mexicano está mal alimentado, pésimamente alimentado y eso es porque se le ha enseñado a rellenar la panza con maíz, fríjol y chile, siendo que, salvo rarísimas excepciones no se le ha enseñado a sembrar y consumir otros productos como la avena, la garbanza, castañas, dátiles, oliva, higo, uva, avellana, espinaca, chicharos, zanahorias, esparrago, etc., elementos que casi no se cultivan por incuria, pereza, imprevisión y torpeza y cuya escasa producción es aprovechada por empacadoras que las dan a distribuir a grandes centros comerciales de auto servicio con fabulosas ganancias.



Esta obra de despiadada distribución se ve coronada, sin duda alguna por el éxito lisonjero, por la apertura lambiscona a la que asisten gobernadores, y alcaldes que proclaman la fuente de trabajo que esta “inversión” representa, mientras el campesino se muere de hambre. Es necesario entonces, que surja el espíritu de justicia social, la necesidad moral de redención de un pueblo que necesita, con carácter de urgente, un nuevo planteamiento económico para el sustento y vida de civilizada y libre de nuestros compatriotas, necesidad fraternal, igualitaria y libertaria que, de parias, los elevará a la condición de hombres libres con todos los derechos y privilegios que les confiere su categoría de seres humanos.



Y para hacer de nuestra agricultura lo que nunca ha sido por la falta de visión de nuestros gobiernos y tiene actualmente la necesidad forzosa de ser, para que satisfaga ampliamente estas aspiraciones, es este el momento preciso, ideal, privilegiado, porque ya muchos hombres de nuestra Patria se han dado cuenta de la caída estrepitosa de varios gobiernos de la América que, como en el caso de Guatemala y del Brasil ya han caído por corruptos y bandidos, o como del repudio ciudadano ante hechos evidentes como el de Evo Morales en Bolivia o Nicolás Maduro en Venezuela o la estrepitosa genuflexión de los Castro ante los Estados Unidos y el terror de que llegue Donald Trump a la presidencia de ese país.



Quiero cerrar este pergeño con una declaración pública y solemne, nacida de la parte más íntima de mí ser, salida del juicio sereno y puro de mi cerebro y vivificada con mis más cálidos sentimientos, consistente en afirmar que si algún porvenir le queda a nuestro México para sobrevivir es convertirse en el México Agrícola. Y esto lo podemos empezar hoy mismo, sin esperar “recomendaciones oficiales”, plantando en nuestras casas en cualquier espacio utilizable, sea patio, azotea, terraza o balcón, como lo hicieron los europeos en tiempos de guerra, sembrando y plantando en esos lugares los vegetales y árboles frutales necesarios para nuestro consumo. Obra fácil, obra que solo requiere voluntad y que hoy mismo puede y debe cada mexicano iniciar poniendo uno o varios plantíos en su casa. Obra fácil, productiva y beneficiosa porque no exige de grandes y costosas instalaciones como aquellas de las que presume el mal gobierno, tampoco de las grandes obras de irrigación que solo van a favorecer a las empresas mineras trasnacionales como en el caso del proyecto Monterrey VI o que como el “fracking bajo cuya funesta consecuencia “desapareció” el Río Atoyac en Veracruz. Urge plantar en nuestras calles, en nuestras plazas y en nuestros jardines árboles y plantas productoras de comestibles y solo así conseguiríamos que nuestro pueblo se nutra mejor.



Cuan dichosos seríamos, como hombres de bien, viendo a esos niños famélicos, harapientos y escuálidos que enseñan públicamente el botón umbilical y su lombricienta barriga, mordiendo a satisfacción plena una manzana grande y jugosa o una olorosa guayaba, una apetitosa papaya, mientras su padre igual de hambriento y famélico desprende una fruta del boabab o árbol del pan del frondoso soto como el que ha sembrado Martínez Wolf al frente de su casa, cuyo fruto inyecta vida a su organismo, calor a su sangre, color a sus mejillas y eso es mostrar amor a nuestros semejantes, a nuestra Patria, a nuestra raza y a nuestro descendientes en particular y a la Humanidad en general.











PICADAS JAROCHAS.

LLAMAS SOSPECHOSAS

Si ocurre algún incendio en el Zoológico de Veracruz no sospechen del alcalde Fernando Yunes Márquez, sino de las llamas



¡QUE TENGAN UN BUEN DÍA!


* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.

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